lunes, 18 de mayo de 2015

Me miran raro... Y si lees esto, posiblemente tú también lo harás

Todo empieza en la primera mitad de los años 80. ¿Cuestión genética? ¿Los entornos familiares que te rodean desde niño? Un abuelo con la numismática; un padre con la filatelia, música, cactus...; una madre con casi cualquier cosa que se pueda guardar o coleccionar (llaves antiguas, planchas de hierro, muñecas de porcelana... hasta completar una interminable relación).


Primeros tiempos como estudiante en el instituto y tres primeras latas de cerveza (Guinness, Fischer y Löwenbräu) que terminan convirtiéndose en portalápices. A ellas se van uniendo más y más; unas terminan almacenando más bolígrafos, las otras permanecen decorando las estanterías tras ser bebidas. También las botellas. Comienzan las incursiones en los muebles bar y cajones de la familia y ser "confiscados" cuantos vasos, bolígrafos, llaveros o posavasos voy encontrando.

Con el paso del tiempo se generaliza el uso de internet y descubres que no eres el único bicho raro con esa afición, encuentras las páginas de subastas y a otros coleccionistas por todo el mundo y la colección comienza a crecer cada vez con mayor rapidez. Hay coleccionistas que sólo se dedican a los posavasos, a la cristalería, las latas...; unas veces de todo el mundo, o sólo de España, o una sola pieza de cada país; otros coleccionan de todo pero de una sola marca (Guinness, Heineken, Cruzcampo, San Miguel...). Y por último estamos lo que podríamos definir como "Diógenes" cerveceros, que cualquier cosa nos viene bien y si es el primer objeto que tenemos no hay ningún problema: ya aparecerá un segundo para poder considerarlo una sub-colección.


Con el tiempo, se terminan combinando distintas aficiones: vas a una reunión de coleccionistas -en España o en el extranjero- y aprovechas para hacer turismo. Proyectas un viaje a Dublín para asistir a un concierto de Jethro Tull (segunda debilidad de un servidor) y terminas ampliando fechas para ver a Carlos Núñez y a Sharon Shannon, conociendo en primera persona qué es eso del St. Patrick's Day, visitando por dos veces el museo de Guinness y comprando casi todo lo que se pone a tiro. Vas de viaje y procuras conseguir todo el material nuevo que sea posible... y si se puede visitar una fábrica -aunque sólo sea verla desde fuera y fotografiarla-, mucho mejor. Y terminas coleccionando también amistades; a unos los conoces personalmente y continúas el contacto por internet; a otros, después de muchos años virtualmente, los conoces por fin en carne y hueso.


También con el tiempo tomas conciencia de que no todo es eterno, ni lo material ni lo humano. Y que hay cosas que por unas u otras razones no puedes conseguir. Y empiezas a hacerte tu archivo fotográfico y a compartirlo. Porque esa furgoneta de reparto de Estrella de Levante de los años 70 llegará un día en que dejará de funcionar y muy probablemente desaparecerá. Porque el mural de Águila Dorada en Librilla terminará deteriorándose del todo por el paso del tiempo. Porque ese bar cambiará de marca de cerveza, o le cambiarán el luminoso por uno más moderno...


Y empiezas a experimentar con la cocina, ya no buscando qué cerveza acompaña bien a un plato sino con qué cerveza se puede cocinar el mismo para que se complementen. En este momento han sido casi 100 combinaciones distintas las documentadas gráficamente en un periodo de menos de cinco años, incluyendo huevos fritos, trufas o macedonia de frutas además de carnes, pescados o guisos.


Y sí, la gente me mira raro: unos cuando conocen mi afición. Otros cuando, a su pregunta de si no me dedico a hacer cerveza en casa y por qué, les contesto negativamente con un "Bastante tengo yo con lo mío".

Si va bien la cosa, aquí podrás leer acerca de coleccionismo, música o cocina -ya sea de uno solo o de varios ingredientes combinados-, pero siempre con un denominador común: la cerveza.
Salud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario